Una Fiesta en el Umbral

Anastasio se enfrenta con los sufrimientos de un infarto. Se comprime el pecho con las manos. Cae, adolorido en las angustias de la desencarnación y, finalmente, queda inmóvil.

Se siente arrastrado, y no sabe hacia donde. A los pocos momentos, comienza a oír carcajadas y llantos distantes, que se van acercando.

Reflejos de luces anaranjadas y rojas de una hoguera, que dan al ambiente un tono de umbral.

Figuras grotescas, sudorosas y con las ropas desaliñadas, se arrastran al sonido de un acordeón desafinado y estridente, que toca música para bailar.

En un rincón, un hombre observa. Es Jerónimo, administrador de aquel núcleo.

Anastasio también empieza a bailar junto con los otros, movido por fuerzas raras; intenta parar y no lo consigue. Finalmente se deja arrastrar en aquel loco baile:

– ¿Pero, que pasa aquí?... ¿Será que estoy volviéndome loco? ¿Por qué no consigo detenerme?

Desesperado, levanta el rostro a lo alto: ¡Ten misericordia de mi, Dios mío! ¿qué me está pasando?... Ayúdame!. De repente, la música se detiene y todos se tienden en el suelo, exhaustos.

Anastasio, con ojos muy abiertos, se toca, se pellizca, mientras exclama, afligido:

– Creo que esto es una pesadilla... ¡Quiero despertar!

Jerónimo se acerca y el tono de su voz denota piedad, cuando dice:

– Pasó la vida entera en el centro espírita y aun no se entera que ha desencarnado…

–¿Yo...? ¿Desencarné? ¿Qué broma es esta?

Reflexiona un rato, se frota el rostro y, empezando a convencerse de que ha muerto, una expresión de desespero se apodera de su rostro, de todo su ser. Llora.

Al poco tiempo reacciona y habla, indignado:

¿Entonces es así?... Una vida entera votada al Espiritismo…y termino en un horrible y asqueroso baile en las tinieblas?

Mira en la dirección del núcleo del baile y concluye:

– En el Umbral... ¡con seguridad!

Desesperado, agarra a Jerónimo por la camisa y le pregunta, a los gritos:

¿Qué significa esto? ¡Alguien tiene que explicarme!

– Calma, Anastasio! ¿Quiere complicar todavía más su situación?

Mirando más atentamente a Jerónimo, Anastasio exclama:

¡Pero tú eres Jerónimo! Tú eras el director del área doctrinaria del centro. ¿Cómo es que ha venido a parar aquí?

Se frota los ojos y el rostro, como queriendo liberarse de una pesadilla.

– Cosas de la vida, amigo mío – responde tranquilamente Jerónimo.

¡Solamente puedo estar volviéndome loco! – exclama Anastasio.

– No, Anastasio. Tu no estás loco... ni Yo. Nosotros solamente nos engañamos, en la Tierra.

– ¿Cómo? ¿Entonces el espiritismo es una mentira? ¿Todo aquello que aprendemos es mentira?

– No, amigo mío, la mentira estaba en nosotros mismos.

¡Pero esto es un absurdo, una injusticia!

Mira con aire de superioridad a Jerónimo, diciendo:

– Usted, en verdad, bien que merece estar aquí, porque nunca fue un espirita decente.

Además de irresponsable, siempre fue un pervertido. Piensa que no lo sabíamos?. 

Llegó al colmo de seducir a una joven de la Juventud Espirita... y lo que hizo?

Jerónimo baja la cabeza   avergonzado. Anastasio continuó:

– Indujo a la chica a hacerse un aborto. Todos nosotros sabíamos de esto.

Jerónimo levanta el rostro con aire de profunda tristeza, y dice en tono rebelde:

¡Y no me dijeron nada! Ustedes son casi tan culpables como yo.

 Ustedes que se daban aires de grandes espiritas, practicantes del Evangelio...que para todo tenían una respuesta en la punta de la lengua, como si fueran los porta-voces del plano superior. Usted, entonces, que era el más solicitado por las personas que buscaban orientación ¿por qué nunca me reprendió? ¿Por qué nunca me aconsejó?

Anastasio abre la boca para contestar, pero… ¿qué le puede decir?

Jerónimo, abatido al peso del remordimiento, se deja caer en el suelo y pone la cabeza entre las manos. Su charla es casi un lamento:

– Yo sabía que aquello estaba errado, pero la tentación fue muy grande con la joven que se encantó conmigo y… fue una pasión furiosa.

Después vino el embarazo, el miedo a que mi esposa lo descubriera y al escándalo.

Yo sabia que ustedes tenían conocimiento de todo, pero como nadie me aconsejó...como nada hicieron... creí que lo estaban aceptando todo con naturalidad y, yo también terminé por creer que no estaba tan mal así.

Anastasio queda profundamente consternado. Finalmente exclama:

–Dios mío, yo nunca lo había pensado de esta manera!

Y como hablando a si mismo, continúa: – Pero tú tienes razón, en una comunidad espirita las culpas de un individuo alcanzan también a aquellos que nada hacen para ayudarle a corregirse.

La música empieza otra vez y todos van siendo arrastrados por una extraña fuerza, para bailar.

Solamente Jerónimo parece inmune a ella. En una de las volteretas Anastasio tropieza y cae, arrastrando a otro bailarín al suelo.

Al mirarlo al rostro, lo reconoce: – Manuel! ¿Tu aquí?

Ya iba a extenderle la mano, cuando observa, horrorizado, que sus manos están envueltas en pañuelos sucios de sangre, y de horrible apariencia.

Manuel avergonzado, busca ocultar las manos detrás de la espalda.

Habla en tono humilde:

– Espero que usted no permanezca mucho tiempo por aquí. Yo, bien que lo merezco. Y no se cuando voy a salir, quizá hasta me envíen mas abajo.
Anastasio le mira asustado, sin comprehender nada.

Manuel continúa: – Aquí, es una especie de región intermedia entre la Tierra y el Umbral. Los que cargan culpas muy pesadas y se quedan, es porque algo detuvo su caída. En mi caso, fueron las oraciones de las personas a las que ofrecí la cura de sus enfermedades.

Enraizado en los viejos hábitos del orgullo, Anastasio dice, con cierto aire de superioridad:

– En cuanto a usted es fácil entender que esté aquí. Usted era médium, espirita, y todos nosotros sabíamos que empezó a cobrar por las curas que realizaba.

Concluye con aire de reprobación:

– Usted ganó verdadera fortuna con el uso de la mediunidad.

Manuel baja los ojos y habla en tono triste:

– Es verdad. Y ustedes no me dijeron nada, solamente hablaban a mis espaldas.
Principalmente usted, tan celoso por la pureza doctrinaria.

Yo era pobre, necesitaba mantener a mi familia. Entonces, empecé a recibir presentes y cuando me di cuenta, ya había ido muy lejos.

Mira indignado a Anastasio y concluye, enojado:

– ¿Por qué usted no me dijo nada? Yo creía que si estuviese tan equivocado, los compañeros me llamarían la atención. Como nadie me censuró... fui cayendo más y más.

Sintiéndose arrastrado hacia el tropel alucinante habla, casi en un grito:

– ¿Por que usted no me reprendió? Debió haber peleado conmigo, hasta desmoralizarme, o agredido... habría sido mejor.

Anastasio baja la cabeza, poniéndose a llorar amargamente. Se va calmando, por fuerza del cansancio en virtud de aquella espeluznante experiencia.

La música se detiene otra vez y todos caen en el suelo, exhaustos.

Tropieza con algo y se ve junto a un ser extraño, sin forma, cuya vida se manifiesta en latidos cardíacos desordenados.

Horrorizado, grita:

– ¿Pero que es esto? ¿Un abortado?... ¡Esto, no! De esto, tengo total seguridad de no cargar ninguna culpa. Nunca promoví ni permití abortos.

Aquel ser raro responde, con voz lamentosa:

– Yo fui llevado a un centro espirita y quedé esperando por mi turno de ser atendido.

Tenía certeza de que recibiría alivio y podría recomponer mi cuerpo espiritual.
Esperé con toda paciencia mientras usted adoctrinaba a un espíritu que había sido asesinado.

Parece que era alguien muy importante y usted pasó la mayor parte de la sesión charlando con él, haciendo preguntas y más preguntas. Cuando finalmente llegó mi turno, era hora de cerrar y usted no me permitió incorporar. Yo me desesperé y me aferre a la médium, pero usted dijo que ya era hora de cerrar y que nadie más podría "recibir" ningún espíritu. Me quedé tan indignado, con tanto odio hacia usted, que fue arrastrado a este lugar.

Perplejo, Anastasio dice:

– Ah, me suena el caso. Pero no he tenido culpa. Si los dirigentes no cuidan de la disciplina, la sesión se torna un lío.

La rara figura responde humilde, en tono lloroso:

– Yo no quería lio alguno. Solamente quería alivio para mi sufrimiento, que era muy grande...

Anastasio se sienta en el suelo, profundamente impresionado, murmurando:

– Que situación! Y yo que pensaba que seria recibido en Nuestro Hogar, cuando desencarnase.

Tantos años dedicado a la causa espirita. ¡Que ironía! En lugar de Nuestro Hogar, este espantoso baile. En lugar venir a recibirme el Ministro Clarencio, ¡veo una bandada de estropeados y hasta un abortado! ¡Es mucho! No lo puedo soportar!.

Se recompone despacio. El desespero y la revuelta dan lugar al desaliento. Continua:

– Y lo peor de todo es esta sensación de culpa...

Mira hacia el abortado y habla, con la mirada perdida a lo lejos:

¿Qué será lo más importante, la disciplina en nombre de la caridad... o la caridad en nombre del amor?

La música recomienza y con ella Anastasio y los demás vuelven a girar, en un loco e incontrolable frenesí, sin conseguir detenerse.

Cuando finalmente silencia, Anastasio, vencido por el cansancio, tropieza y, para no caer, se agarra del cabello de una mujer que está cerca. Ella da un grito de dolor, volviéndose hacia él, quien sorprendido, la reconoce:

– ¡Marieta! Tu también estás aquí?

Marieta fuera una de las mejores expositoras del movimiento espirita local. Con los ojos muy abiertos por el susto, exclama:

– Anastasio? Nunca esperé que viniese para acá. Tú siempre te portaste bien.

– Ni Yo lo esperaba -exclama Anastasio- Y tu, una de las mejores predicadoras que conocí, como es que ha venido a parar aquí?

– Engaños, caro mío, engaños.

– ¿Quiere decir que ha venido para acá engañada? ¿Cómo es posible?

– No, no! El engaño fue mío. Yo hacia bellas y emocionantes conferencias y me consideraba la mejor. Yo vivía muy ocupada en estudiar la Doctrina, porque quería tener siempre en la punta de la lengua la respuesta para cualquier pregunta. Sentía una gran satisfacción en poder "aplastar" a los otros, en un debate, con mis argumentaciones, muchas veces agresivas. En verdad, Anastasio, Yo me amaba a mi misma, a mi vanidad. No practiqué la fraternidad, no respeté al próximo, como debería, no respeté sus opiniones, sus puntos de vista. Yo creía que era la dueña de la verdad, y no me di cuenta de que la verdad tiene muchas facetas, una para cada momento evolutivo. Y ustedes que me criticaban por las espaldas, nunca tuvieron la fraternidad suficiente para hablar conmigo y mostrarme mis engaños.

Anastasio queda pensativo por algunos instantes. Finalmente, como degustando la idea, habla lentamente:

– Usted dice una cosa que solamente ahora estoy logrando comprender.

La Verdad tiene muchas facetas, una para cada momento evolutivo.

– Exactamente! Y es por no entender esto que generamos tanta discusión, tanta discordia, tanta división.

Reflexiona un poco y concluye:

– Yo no fui alteritária.

– ¿Querías decirme Autoritaria?

– No. Yo dije alteritária.

– ¿Qué es esto?

Marieta medita por algunos segundos y explica:

– Ser alteritário significa tener una relación fraterna y respetuosa con los que piensan distinto y son diferentes de nosotros. ¿Entiende?

Piensa un poco, antes de concluir:

– Bezerra de Menezes dice que "La diversidad es una realidad inamovible de la siega espirita". Quiere decir que nosotros necesitamos construir la fraternidad en los medios espiritas, a pesar de las divergencias, respectándolas y procurando aprender con las diferentes opiniones.

Anastasio exclama, en tono de revuelta:

– Tú dices, necesitamos. ¿Como, necesitamos? Estamos muertos... desencarnados... perdimos nuestra oportunidad.

Se pone a llorar, con gran desespero.

Jerónimo se aproxima: – Calma, Anastasio, calma.

La música se escucha más alta y Anastasio es otra vez arrastrado por aquella fuerza, uniéndose a los demás. Una hora mas tarde, cuando para, se apoya en la pared, sin aliento. Los otros se tienden   en el suelo, exhaustos.

Pasado un corto descanso, Jerónimo y Marieta se aproximan.

– ¿Por qué tú no eres arrastrado por la música, así como nosotros?

– le pregunta a Jerónimo.

– Porque soy el administrador. Pedí a los planos superiores para permanecer más tiempo por aquí.  Necesito mucho de reflexión, de buscar mi verdad interior, y aquí puedo encontrar muchos ejemplos que me ayudarán en el futuro.

– Y es en esta verdad interior – interviene Marieta – que está el real camino de la evolución.

Silencia por unos instantes, pensativa. En seguida, continúa:

– Nosotros, lo seres humanos, acostumbramos en no aceptar a aquellos que no se encajan en nuestros modelos y, con esto, buscamos percibir las diferencias de ellos como defectos.

– Tú ahora dices una dura verdad – exclama Jerónimo.

 –Queremos siempre que los otros se conduzcan por nuestros parámetros, sin respetar su individualidad, o su momento evolutivo. ¿Por qué siempre pretendemos ser los dueños de la verdad?

Con una sonrisa en los labios, Marieta responde:

– Porque somos vanidosos, y entonces nos quedamos más atentos vigilando severamente la mejoría de los demás, que dejamos de lado la única tarea que cabe exclusivamente a nosotros mismos, nuestro propio crecimiento interior.

– Tú tienes toda la razón – asevera Jerónimo. De modo general, sentimos verdadera necesidad de fiscalizar los actos ajenos. En nuestro orgullo, creemos que los errores de ellos disminuyen el peso de los nuestros.

Con un respiro profundo, Marieta exclama:

– Cuanto engaño, Dios mío! Cuanto engaño vivenciamos en la Tierra; cuantas máscaras usamos, intentando esconder nuestra propia conciencia!

Señalando, espantado, en la dirección del núcleo del baile, Anastasio exclama:

– Mas aquel que está allí no es el Onofre?

– Es el mismo – confirma Jerónimo.

Anastasio está cada vez mas sorprendido, y con una sorpresa muy desagradable. Finalmente, pregunta:

– Como es posible? Un líder espirita tan importante? Qué cosa tan grabe habría hecho?

Con una leve sonrisa en los labios Jerónimo explica:

– Un líder espirita importante. Tu lo has dicho todo. Un líder espirita debe entender que su vida, sus actitudes, acciones y también omisiones son ejemplos que él muestra y que muchos irán a guiarse por ellos. La de un líder es infinitamente mayor.

– Pero Onofre siempre fue un buen ejemplo, creo Yo – replica Anastasio.

– Engaño suyo. El era buen ejemplo en muchos casos, en otros, no.

Recuerda usted aquella vez en que intentamos implantar reuniones centradas en la importancia de la reforma interior, en los centros de nuestra área de acción?

– Recuerdo, si.

-Y esta reforma, o este crecimiento, pasarían a ser prioridad en estos centros. También serian implantados algunos recursos utilizados por Psicólogos y Terapeutas, inclusive oficinas, procurando ayudar a los participantes en su evolución, mas Onofre decía que esta no era función de una institución espirita; que no quería estas novedades y que bastaba el estudio de la codificación para alguien que pretendiese hacer su reforma interior.

– Si, lo se. Recuerdo bien. ¿Pero esto que tiene que ver...?

– Onofre fue en contra, no lo permitió. Y este hecho causo prejuicios evolutivos a todos nosotros y también a los centros que iban participar.

– Es verdad. Y pensar que Yo también fui en contra.

– El, además de esto, no supo construir un ambiente fraterno y alteritário en los centros que dirigió. Era muy dado a las críticas. Todo lo criticaba, desde las instituciones hasta a los compañeros de actividades. Nada escapaba à sus cáusticas observaciones y esto generaba un ambiente pesado, un clima de hostilidad, inaceptable en una Casa espirita.

– Si... recuerdo. Pero tu hablaste de alteritário. Ya oí esta palabra, pero todavía no se exactamente lo que significa.

Jerónimo sonríe amablemente mirando a Anastasio con cierto cariño, y explica:

– Veamos a usted mismo como ejemplo de falta de alteridad. Usted siempre ha primado por la pureza doctrinaria. No era tanto por amor a la causa espirita, sino principalmente para poder imponer sus puntos de vista.

¿Recuerda? En nombre de la pureza doctrinaria cometió muchos errores. Prohibió aquella reunión del Evangelio con adultos mayores, promovido por Iracema, que era psicóloga, solamente porque ella estaba introduciendo prácticas como la relajación y algunas actividades de integración entre los miembros del grupo. No se preocupó en analizar los beneficios de la relajación, ni la importancia de la integración entre aquellos ancianitos. Tampoco valoró lo que es mas importante para el espirita y para cualquier ser humano.

Anastasio mira de forma interrogadora a Jerónimo, quien continúa:

– El crecimiento interior. ¿No es esta la meta primordial del Espiritismo? Alteridad es esto, amigo mío. Es tener disposición para aceptar y aprender con los que son y piensan diferente a nosotros.

En los medios espiritas, se ha de admitir la diversidad de opiniones y prácticas, desde que, por supuesto, no huyan a los principios básicos del Espiritismo. La alteridad no impone, ella respecta.

Anastasio se sienta en el suelo, baja la cabeza y queda meditativo. Una mujer, en que la belleza se oculta tras las arrugas y las ropas estropeadas, se sienta a su lado, diciendo:

– Pensé que usted se iría a demorar más en la Tierra.

Sorprendido, Anastasio exclama:

– ¡Susana¡ ¿Que hace aquí? usted, que entre otras actividades fue Presidente de nuestra Casa, aquí, en este asqueroso lugar?

Susana queda pensativa por unos instantes. Finalmente, mirando Anastasio en los ojos, dice:

– Por esto mismo, Anastasio, por esto mismo. Por el cargo que yo ocupaba debería haber tenido mucha más humildad, más fraternidad. Yo tenía todas las enseñanzas de Jesús en la punta de la lengua, pero en la hora de practicarlos... lo que yo hablaba no era coherente con mis actitudes, principalmente aquellas más íntimas, las del pensamiento, de los sentimientos.

– Pero yo creo esto injusto. Castigos tan horribles como este, para culpas o faltas tan pequeñas.

Con un tono de ironía en la voz, Susana responde:

– Esto aquí no es horrible, no, amigo mío. Horrible es lo que está mas abajo. Esto aquí es el sector de las faltas menores.

Aquí, es un intermedio para que podamos percibir los matices de una conducta no fraterna; pequeños detalles que no quisimos observar cuando estábamos encarnados. Aquí, adquirimos conciencia de los muchos males que provocamos con nuestras actitudes. Vea, por ejemplo, el caso de Silvia.

Apuntando hacia una joven, dice:

– Aquella allí, de blusa amarilla, es Silvia. Ella era del "Centro Jesús de Nazaret". Cuando María Eulalia, una trabajadora de la Casa y madre de cinco hijos, enfermó gravemente, ninguno de los compañeros fue a visitarla. Ni tan poco, a ponerse a la disposición para ayudar en lo que fuera posible. Todos simplemente ignoraron la situación difícil de la compañera.

– Y por qué solamente Silvia ha venido para acá?

– Calma, amigo! Los otros todavía no han desencarnado.

Con una voz en tono de revuelta, Anastasio replica:

– No, no puede ser! Nunca oí decir que alguien haya sido lanzado al Umbral, solamente porque dejo de visitar a un compañero enfermo.

– El problema no está en el hecho de no haber ido a visitar a María Eulalia, pero si en la frialdad que mostraron con relación a una compañera de actividad espirita. Silvia también trabajaba en la recepción, del centro. Ella recibía a las personas con indiferencia, con cierto aire de superioridad, cuando debería ser fraterna, acoger a todos con simpatía y calor humano.

– Tú hablas como si fuera fácil ser fraterno.

– Claro que no es fácil. Pero aquí yo tengo mucho tiempo para observar y reflexionar. Y llegué a una conclusión interesante, que vengo frenteando conmigo misma. Y mira que los resultados son sorprendentes.

– ¿Que conclusión es esta? – Pregunta Anastasio, curioso.

Después de instantes de silencio, Susana responde:

– Reflexiona conmigo. Los espiritas hacen conferencias, oyen las charlas, leen verdaderas montañas de mensajes edificantes, de libros de contenido evangélico, hacen reuniones del Evangelio... y se pierden en los muchos  detalles.

– No estoy entendiendo.

– ¿Todo este esfuerzo no busca la reforma interior?

A un gesto positivo de Anastasio, Susana continúa:

– Sucede que para la parte más importante de esta reforma, solamente es necesaria una única acción, que es básica y fundamental. Basta imprimir siempre en ti mismo, o sea, desarrollar siempre un estado de espíritu fraterno y contentamiento.

Anastasio medita un poco y después sonreí.

Entusiasmado, exclama:

– Esta es una cosa en que yo nunca había pensado.  Si yo consiguiera mantenerme siempre en un estado de espíritu fraterno, no necesitaría preocuparme en vigilarme, porque con sentimientos fraternos no voy a practicar actos contrarios a las leyes mayores. Dios mío es una cosa tan simple!

– Sencillo como las grandes verdades – exclama Susana. –

Digamos que usted tiene algunos valores negativos que desea eliminar, como por ejemplo: el orgullo, la vanidad, el desamor, la impaciencia y la maledicencia. Para conseguir algún resultado va a tener que estar siempre atento, vigilándose, para no practicar el orgullo, la vanidad, el desamor, la impaciencia y la maledicencia. Pero con mi receta, basta que usted se ocupe apenas en desenvolver estos dos estados de espíritu. Los resultados son mucho mas amplios y profundos, porque no combates los valores negativos, pero si buscas construir los positivos, ¿entiende?

– Realmente – concuerda Anastasio. Su receta es un verdadero descubrimiento. Pero, has hablado de dos estados de espíritu, la fraternidad y el contentamiento. ¿Por qué este último?

– El contentamiento es un verdadero elixir de vida. Es fundamental para el equilibrio del ser humano, para su salud y bienestar.

Imagine una persona fraterna, pero triste, depresiva, esparciendo vibración pesada por donde pasa. Para mí, Espiritismo es luz para la mente y el amor la alegría para el corazón. Esto da la plenitud al ser.

– Realmente, es impresionante! La veo a usted, en este horrible baile, demostrando serenidad y hasta alegría.

Un enfermero que se aproxima, oyendo las últimas palabras de Anastasio, le explica:

– Este "horrible baile" como usted le dice, es cosa nueva en el mundo espiritual. El existe en variados modelos, principalmente en los umbrales de Brasil. Es un recurso fundamental en la transición del movimiento espirita para un nivel mas elevado de conciencia, para una nueva era.

Manuel y Marieta se acercan, deseosos de aprender. Jerónimo hace las presentaciones:

– Este es Bernardo, el enfermero que da asistencia en este núcleo. Este aquí es Anastasio, recién llegado de la Tierra. Los otros ya se conocen.

Bernardo mira con aire afectuoso a Anastasio, informando:

– Este tipo de reducto, o asqueroso baile, como usted dice, también es conocido como incubadora del alma. Aquí pasan las grandes transformaciones, los grandes aprendizajes. .

– Es esto mismo – interviene Susana.

– Somos  como las semillas que son enterradas en el seno de la Tierra para empezar a germinar. Estamos enterrados aquí, para que empecemos a transmutar nuestra naturaleza inferior en luz. Descendemos a este infierno, como primer paso que nos conducirá a niveles mas elevados de la conciencia.

Cada vez más sorprendido, Anastasio refuta:

– No entendí.

– Aquí es el momento en que empezamos a percibir, con mayor claridad, nuestra propia esencia. Es cuando pasamos a sentir intensamente la necesidad de vivenciar nuestra verdad mas profunda, sin ninguna sombra de hipocresía, sin cualquier máscara, sin subterfugios.

– Todavía no estoy entiendo totalmente.

Gentilmente Bernardo se pone a explicar:

– Los espiritas con menores cargas de errores o faltas vienen a prepararse aquí, para poder profundizar mas en si mismos, investigar sus razones mas profundas, bajar hasta las profundidades de la propia conciencia en busca de la verdad sin máscaras.

Extrañando, Anastasio pregunta:

– Verdad sin máscaras?  Y existe alguna verdad enmascarada?

En ese momento suena un pito más parecido a un silbado y Bernardo se apresura en salir, haciéndole una señal a Jerónimo, quien continúa con las explicaciones:

– Las religiones cristianas crearon el sentimiento de culpa en las personas, para poder dominarlas mejor. Como la culpa es un sentimiento desagradable, todos tratan de cubrirla con máscaras de las más variadas, con el objetivo de poder sentirse mejor.

Susana quiebra el breve silencio que se hiciera, explicando:

– Aquí nos reunimos diariamente, asistidos por psicólogos.

Ellos nos ayudan a aceptar nuestras inclinaciones negativas, como resultado natural de nuestras largas elaboraciones reencarnatorias.

También nos auxilian a auto-amarnos y, principalmente a dinamizar nuestros valores positivos. Esto es mucho más productivo y ayuda a eliminar los sentimientos de culpa, que son muy perjudiciales.

– La orden aquí – agrega Jerónimo – es el crecimiento interior de la criatura, y no su masacre bajo el peso del karma. En nuestras reuniones cada uno habla de si mismo, de sus desaciertos cuando estaban en la Tierra, no para culparse o disculparse, pero si para intentar entenderse mejor a si mismo.

– Y es interesante observar – continua Susana – que la mayoría de los novatos se declaran inocentes. Desde la óptica de ellos, son realmente almas puras. Pero aquí son inducidos a entrar en el fondo de su propia conciencia, a buscar las razones profundas para sus actos. Esto porque muchos actos o actitudes hasta para uno mismo alabables, cuando son retiradas todas las máscaras, enseñan intenciones oscuras como la vanidad, la sed de poder, la soberbia, la egolatría y hasta  la omisión, en nombre de falsos valores.

Mire su propio caso, amigo Anastasio. En las pocas horas que lleva aquí, ya cambio muchas de sus convicciones, no es verdad?

– Es verdad – confirma Anastasio. – Nunca me paso por la cabeza el que yo usara máscaras. Pero ahora estoy viendo que las utilizaba.

Pasado algunos instantes de silencio pregunta:

¿Qué es esta música estridente, desagradable y esta fuerza que nos obliga a  ponernos en movimiento en este baile espantoso?

– Son las fuerzas latentes en esta faja vibratoria y su manifestación puede ocurrir de varias formas – explica Jerónimo. – Aquí es este baile grotesco, porque bailar es obligatorio, donde los presentes se van despojando de determinadas energías que necesitan eliminar.

Y tomando aires de quien va hablar algo importante, continúa:

– Cuentan que a finales del siglo XX, en un memorable encuentro

en el mundo espiritual, Bezerra de Menezes lanzó las directrices para el

tercer  período del Espiritismo, que se inició con el nuevo siglo.

Este deberá ser el período de la ACTITUD, o sea, de la fraternidad y la alteridad, con la práctica, y no solamente en las palabras.

Silenció por unos instantes, continuando:

– Es muy fácil observar como viene surgiendo en los medios espiritas, todavía de forma muy tímida, una nueva mentalidad; grupos y personas muy preocupados con la evolución espiritual de la comunidad y buscando medios que ayuden a las personas en este sentido. Y aquí podemos decir que es una de las salas de la escuela de los futuros espiritas, de aquellos que decidirán encajarse en la construcción de la nueva humanidad.

Con simpática sonrisa Susana esclarece:

– Y mira que esta construcción no es trabajo solamente para los espiritas. En todo el mundo vienen surgiendo movimientos, buscando más fraternidad y alteridad en todas las relaciones.

Impresionado, Anastasio pregunta:

– Y la práctica de la caridad... dónde está?

– Hacer caridad puede ser merecimiento, pero lo más importante es cuidar de la evolución – responde Susana - continuando en tono juguetón:

– No habrá mucho espirita que cree que está ganando bonus-hora y garantizando un espacio en Nuestro Hogar? - Caridad es una cosa, evolución es otra, entiende?. En la Tierra, en los medios espiritas, por la gran dificultad que representa la reforma interior, la mayoría acaba substituyéndola por acciones caritativas. Pero no es lo mismo.

Nuestra evolución no despega si no buscamos, por todos los medios, la vivencia de los valores o de los contenidos espiritas, transformando discursos en actitudes. Así, la caridad que hiciéramos, será movida por el amor.

– Solamente que transformar el discurso en actitudes, es justamente lo más difícil – exclama Anastasio.

Jerónimo interfiere:

– No es tan difícil – ya se olvido de la prescripción de Susana?

– Es verdad, me había olvidado. ¿Cómo es?

– La metodología básica es sencilla. Usted necesita preocuparse solamente con una única acción: establecer siempre en si mismo, en sus estados de espíritu, el contentamiento y la fraternidad.

Después, va agregando otros valores relacionados al conocimiento, la sabiduría etc.

Jerónimo mira intencionalmente a Susana quien balancea la cabeza
afirmativamente. Piensa un poco, como buscando las palabras y dirigiéndose a Anastasio, dice:

– Susana y yo estamos elaborando una especie de agenda mínima, que pretendemos pasar a nuestros hermanos reencarnados. En esta agenda, siguiendo las orientaciones del Dr. Bezerra, vamos a colocar los puntos principales a ser observados por quien desea realmente evolucionar.

– Nosotros creímos que uno de los grandes obstáculos en nuestra evolución

 – explica Susana

– está en el hecho que los valores negativos a ser transmutados en positivos son tantos, y multiplicados en tantos matices y detalles que acabamos perdiéndonos en medio de todo esto. Pero si organizamos una agenda mínima con los puntos más importantes, estaremos trabajando el interés del asunto.

Así, fijándonos solamente en cuatro o cinco puntos, será mucho más fácil cumplir una ruta evolutiva que irá alzar nuestro crecimiento interior, de forma más segura y provechosa.

Anastasio estaba alegremente sorprendido. Siempre encontrara grandes dificultades para transmutar valores negativos en positivos. Reflexionó un rato y comento en tono triste:

– Si yo hubiese tenido acceso a este tipo de ideas, a esta agenda mínima de la que ustedes hablan, seguramente no habría venido a este horrible lugar.

Silenció por instantes y continúo:

– En los últimos años, vengo desarrollando una teoría a cerca de lo mismo que ustedes han dicho. He observado que el gran villano de nuestra evolución es la memoria, o mejor la falta de ella. Siempre que nos decidimos a proceder de tal o cual manera, en consonancia con las enseñanzas del Evangelio y los dictamines de la conciencia, solamente percibimos que fallamos después de la palabra dicha, de la emoción sentida o del acto practicado. Ahí es tarde.

Pero si de acuerdo con la idea de ustedes, pudiéramos memorizar los puntos fundamentales. ..

– Mira Jerónimo – exclama Susana, entusiasmada. Esto de la memorización de la que habla Anastasio viene a complementar nuestra idea.

Mira la importancia de esto! Con una agenda mínima, con solamente cuatro o cinco puntos fundamentales, será más fácil crear procedimientos que ayuden a generar memoria; que actúan como recordatorios.

– Eso es! – Dice Jerónimo, sonriente. Y dirigiéndose a Anastasio:

– Podemos "robar" su idea?

– Claro que pueden. Será un gran placer para mi, poder contribuir con algo tan fundamental para nuestra evolución.

– Y lo mejor – concluye Jerónimo, – es que vamos a llevar muy pronto esta agenda mínima a los reencarnados. Ya está todo más o menos aprobado.

– y se que usted va colaborar – afirma Susana.

Antes que Anastasio pueda decir algo, Bernardo se aproxima y lo coge del brazo, diciendo gentilmente:

– Venga. Quiero enseñarle algo.

Se acercan a un tipo de ventana y Bernardo pregunta:

– Está viendo aquel pabellón?

– Si, lo veo...

– Es un pabellón de hospital

– explica Bernardo

-Extrañado, Anastasio comenta:

– Tengo la impresión de que me están mirando, como si yo pudiese ayudarlos.

– No se extrañe Anastasio – dice Jerónimo. – Estos enfermos son solamente una parte de aquellos que dejaron de ser atendidos, por su culpa.

Muy sorprendido y con una puntita de amargo, Anastasio refuta:

¿Por mi culpa? Solamente puede ser un engaño. Yo siempre procure ser un buen espirita. Bien... quiero decir, yo dedique toda mi vida al Espiritismo y, principalmente, adoctrinar a espíritus sufrientes.

– Esto es verdad – confirma Bernardo. – Pero su tarea sufrió muchos perjuicios por cuenta de su vanidad y orgullo.

Anastasio abre la boca para contestar, pero se calla, mientras Bernardo
continúa:

– Si, Anastasio. Soy yo el enfermero que conduce a los espíritus enfermos al socorro mediúmnico en el Centro donde tu trabajabas. Los enfermos de este pabellón deberían haber sido socorridos por el grupo que se deshizo, en razón de su vanidad y falta de fraternidad.

En un impulso indignado, Anastasio exclama:

– ¡Pero yo no soy vanidoso!.

–Lo es, amigo mío – afirma el enfermero. – Siempre se ha considerado el mejor doctrinador de la casa y esta idea se le subió a la cabeza. En el inicio, cuando entraba en la sala de  reuniones, sus vibraciones eran de amor y deseo de ayudar. Pero al poco tiempo se fue ilusionado con la admiración que su trabajo provocaba en algunas personas y en si mismo. Desde ahí, cuando entraba en la sala, ya no tenía más aquella vibración de amor, de afecto. Usted solamente se quedaba pensando en como hablaría en tales y cuales situaciones. Su pensamiento, al contrario de buscar sintonía con lo Alto, se quedaba girando alrededor de los temas brillantes del trabajo de adoctrinar, y como usted era el principal responsable por el grupo, este empezó a decaer, hasta que se extinguió. Si usted y el grupo estuviesen involucrados profundamente en la reforma interior, en la construcción de actitudes verdaderamente fraternas...

Anastasio baja la cabeza angustiado. Después de algunos instantes murmura:

– Dios mío! Yo que leí tantos testimonios de espíritus y ustedes que esperaban ser recibidos con honores en el mundo espiritual, pero se encontraron con realidades amargas... Nunca pensé en verme en una situación como esta.

- Oh, arrepentimiento profundo... ¡como duele! Ah, si yo pudiese volver à la vida! si pudiese...

Se postra de rodillas, baja la cabeza y balbucea con humildad:

– ¡Dios mío, ten piedad de mi! Ten piedad de mi! Ten piedad de mi!

Con el rostro cubierto de llanto repite, angustiado:

– Ten piedad de mi! Déjame volver a vivir... Ah, Dios mío, ayúdame! Ayúdame! Ten piedad de mi!

Anastasio se siente sacudido por manos invisibles. Ya no ve el enfermero ni el ambiente donde estuviera. En medio de la niebla que se ha formado por las lágrimas, ve el rostro de su esposa y percibe que es ella quien lo agita, mientras dice:

– ¡Anastasio! ¡Despierta! Pare con esto. Estás llorando...

Debe haber tenido una pesadilla terrible...

A  Anastasio le cuesta entender que estuviera soñando. La esposa procura
confórtalo:

– Calma, querido, tú has tenido un mal sueño. Fue solo una pesadilla.
– Pesadilla – repite automáticamente.

Ya completamente despierto, se levanta de un salto y empieza a reír y
a llorar al mismo tiempo.

– ¿Pesadilla? – Pregunta envuelto en entusiasmo. - Fue el mejor sueño que haya he tenido...¡el mas importante! ¡el mas importante de todos!

Se arrodilla otra vez y, ante el espanto de la esposa, levanta el rostro y las manos a lo alto, exclamando:

– Gracias, Dios mío... Gracias... Gracias...

Ya más calmado, comenta:

– Agenda Mínima Espirita... ¿Como será que va a llegar?

 

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Um Forró no Umbral (Adaptado para una obra teatral de uno de los cuentos del libro del mismo nombre, de Saara Nousiainen, formulando nuevas ideas y propuestas importantes en este período de transición para uno nuevo tiempo...)

Saara Nousiainen –

Hija de un pastor adventista, esta finlandesa de corazón brasileño está desde 1970 en el movimiento Espirita y pasado 18 años trabajando como médium de desobsession, Saara resolvio involucrarse en la divulgación de la Doctrina Espírita y actualmente es miembro actuante de la Asociación de Divulgadores Espiritas del Estado do Ceará - Brasil (ADE-CE)


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22/09/2017